Ecce Homo
Nº Lote: 61
Presenta inscripción en la parte superior que reza: "DUM SPINIS PUNGI TOLERAT". Se adjunta certificado de Don Enrique Valdivieso. Éste Ecce Homo puede compararse con la versión firmada y fechada en 1659, que pasó por el comercio de arte de Nueva York en el año 2006. Dicha comparación nos muestra una total identidad de la expresión del rostro de Cristo y del tratamiento de su doliente anatomía. De este Ecce Homo existe una réplica exacta en una colección privada de Sevilla aunque éste ejemplar no está firmado. Destaca en esta pintura el tratamiento técnico que el artista le ha otorgado y que corresponde al momento de la carrera de Valdés Leal en la que alcanza su total plenitud creativa. Otras versiones de Valdés Leal del Ecce Homo en la cual la expresividad corporal de Cristo y en especial de su rostro, se puede encontrar en el Ecce Homo que pasó por el comercio de arte en Londres en 2017. A parte de la coincidencia en la descripción del tratamiento físico, son totalmente propios de Valdés Leal los efectos cromáticos plasmados en las dolientes carnaciones del cuerpo de Cristo y en la potencia de los tonos rojos del manto que cubre la espalda. Un fondo neutro de tonalidad verde-gris, resalta y define perfectamente la figura del Redentor. Posee esta obra el interés de que en la parte superior del lienzo figura un rótulo totalmente contemporáneo a la pintura, en el que con letras romanas se lee el texto: DUM SOINIS PUNGI TOLERAT. Este texto está extraído del Himno de la Fiesta de la Corona de Espinas, que escribió el maestro de capilla de la Catedral de Sevilla, de orígen portugués, Francisco de Santiago, quien ocupó dicho cargo entre 1617 y 1642. La inscripción no es más que un fragmento de una frase más extensa que viene a señalar soportó el dolor causado por los pinchazos de las espinas sin ser culpable de ellas. Valdés Leal hubo de pintar este texto a petición de algún personaje que conocía el Himno escrito por Francisco de Santiago y por ello en la imagen que ofrece en este Ecce Homo traduce perfectamente en la expresión del rostro de Cristo, mostrando un semblante en el que está ausente de forma manifiesta, el dolor físico, totalmente contenido, que se suple con un profundo equilibrio espiritual, que traduce cómo el Redentor asume por completo los sufrimientos que se le infligió a lo largo de su pasión. No hay por lo tanto ningún patetismo en esta escena, que fue la enorme trascendencia de los padecimientos de Jesús y la total moderación con que los soporta. Enrique Valdivieso González Sevilla, 15 de junio de 2023 Bibliografía: - Valdivieso González, Enrique. Juan de Valdés Leal, 2021, p. 288 y 483