El regreso de Jacob a Canaán y Jacob y Raquel en el pozo
Nº Lote: 30
Hermano del también pintor José Antolínez y abogado de profesión, Francisco fue un curioso erudito que, de entre sus muchas inquietudes, se decantó por la pintura. Tenía por costumbre no firmar sus obras, ya que prefería presentarse como hombre versado en leyes, aunque sí se conserva una pintura firmada de su mano: la Adoración de los pastores de la Catedral de Sevilla, composición fechada en 1678, a partir de la cual se le han atribuido numerosos trabajos. Se especializó en la realización de series con representaciones bíblicas del Antiguo o Nuevo Testamento, las cuales concebía como escenas de género, desarrolladas en amplios paisajes con un marcado carácter narrativo. Tal es el caso de estas dos pinturas dedicadas a la vida de Jacob, en las que se observa la influencia de Ignacio de Iriarte en el paisaje, así como la impronta de Murillo a la hora de agrupar a los personajes. Las figuras, populares y menudas, se mueven con ligereza en una atmósfera de fuertes contrastes lumínicos que realzan sobremanera las notas de color, muy a la manera italiana. Toda una escenografía, no exenta de referencias arquitectónicas, en la que el pintor despliega su pincelada rápida y agitada para indagar en unos efectos lumínicos que enaltecen aún más ambas escenas.